Meditaciones fantasmagóricas |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Perturbaciones. Se hizo su propia escalera para subir a la azotea. Hubiera bastado con pedirla prestada, cualquiera presta una escalera. Pero él quería su escalera, no cualquier escalera. Y a su modo, sin preguntar a nadie, empezó a alzar los escalones, uno a uno. Subiendo cada vez más. Los primeros escalones, que eran maravillosos , recordaban aquellas viejas escaleras de caracol, de fundición, áspera. Con rombos desproporciadamente largos en el piso de cada peldaño que difería con el siguiente en treinta grados. Apenas le costó esfuerzo conseguir mantenerlos en pie. Pero, a parte de la inexperiencia, el orgullo le jugó una mala pasada. Conforme subía escalones, la escalera perdía estabilidad, cosa que cualquiera le hubiera advertido. Pero él no aceptaba consejos de cualquiera, causa segura de que tampoco los pidiera. La espiral escalonada llegó a caer hasta tres veces con el escalerador encima, azotándole en el lomo, los brazos y las piernas. Así que, utilizando lo primero que tenía a mano: una cuerda de tendedor, cuatro piedras grandes de formas irregulares y el palo de una escoba; improvisó un poco común, pero no por ello menos eficaz para el fin que quería, sistema de sujección. Siguió girando hasta los 21 peldaños y los amarró a la azotea. Desmontó el tinglado que había servido de sujección y les hizo un hueco en el viejo baul, con la confianza de volver a utilizarlos algún día. Con gran satisfacción merendó en la cocina, sin prisa, todo el embutido acompañado de pan que pudo antes de las siete. Subió una hamaca a la azotea, la extendió de forma que pudiera ver el oeste y la montaña más grande por encima de las demás casas; y se quedó mirando el contraste entre el rosáceo y el azul que formaban esta última y el cielo hasta perder de vista la montaña. A simple vista no se ve lo cuadrado que me estoy poniendo. En el espejo tampoco. Pero mi cuadratura está ahí, más lejos que las líneas que perfilan mi enjuto cuerpo. Lo noto. Sacar piedra, a martillazos, de la pared, con la ayuda de un martillo, obviamente, y un destornillador de estrella mutilado a modo de cincel, es lo que tiene. Quemar energías y espantar algún fantasma, al menos. Además de fumigar cargando demasiado la bomba, ya tengo casi el brazo izquierdo igual que el derecho, superando en simetría al lider mundial de tenis. Que igual mañana voy a jugar un partido y en cuatro días le pongo en apuros... Mejor al frontón, por aquello de no parecer al tipo del anuncio que juega a ping-pong. ¿Y si voy al gimnasio? Podría acabar quitándole papeles al gobernador de California... Prefiero meterme en problemas con Nadal, cuando no Amelie Mauresmo. Ahí está, dándonos un empujoncito, para que no vuelvas a comer carne en cuarenta días. Ese día, el último que está permitido la carne, la gente trata de cenar y recenar aún pasada la media noche; ignorando las leyes de la iglesia. Tratando de darse el atracón de pecados carnales, intentado pasárselos a un payaso, un escocés o una vaca. Caso omiso a la iglesia en uno de sus días señalados, caso omiso también en los días no señalados. Aunque como dicen por alguna parte: todos los pecados nos han sido perdonados; o como dijo algún viejo carcamal: Dios ha muerto por todos nosotros; aunque alguno no lo entienda o no quiera hacerlo, alargando el coma en dos muertes cerebrales. -Ando buscándote a gritos. -¿A mí? -Ven. Acércate, para que te susurre algo al oido. No tiene por qué ser de nada. Perdóname padre porque he pecado. ¡Perdóname! Si bien es cierto que nunca he robado un bolso, padre, nunca he robado la radio de un coche, así como tampoco un dvd en El Corte Inglés. Padre, he cometido otros pecados, padre. He robado propiedad intelectual padre. He robado cultura padre. Cuando te ví aparecer, entonces me dí cuenta de el error cometido. No podré perdonármelo jamás, padre. Padre, he caído en la trampa del demonio. Aquel que decía que la cultura enriquecía a quienes la poseían. Aquel que escupe fuego sobre tí, padre, esperando que tu juicio estuviera más acorde "a los tiempos que corren", según ese mismo demonio. Y aquel que decía que compartir es vivir después de pedir que no comiéramos "pezqueñines". No hay más que ver que aquellos que se mantienen puros y llegan al cielo en cohete espacial tienen poca pinta de compartir. Ensalzamos la propiedad privada. Como ves, todo ha sido un malentendido. Me dejé engañar por aquella víbora zurda. Jamás podré olvidar esas imágenes "al azar" de aquella película de la que había visto diez minutos. Porque solo tú eres grande, solo tú, señor. Cambio mi apuesta al negro. Escuchando historias. Nuevos personajes, nuevos papeles. Esperando aprender en tercera persona. Tomando las curvas de la línea argumental. Izquierda, derecha... arriba, abajo... hasta encontrar el punto en el que las historias tocan el camino de mi historia, con el mismo sentido. El tramo tangente entre mi realidad y mi ficción. Donde el sujeto se transforma en mí. Siempre he resuelto los problemas con un cierto orden anárquico. En sistemas lineales con, o sin, rodeos, con, o sin, atajos, siempre llegaba al la solución. Por algo desconocido que hacía conocer a mi cabeza leyes que no conocía. Siempre conociendo más, sacando más, pero siempre con lo mínimo. Con la mínima expresión común. Encajando las piezas una a una como en un cubo de Rubick, con una aleatoriedad extraña que hacía coincidir sus colores donde debían estar. Inventando incluso. Casi sin saber porqué. Hasta el día que el casi se esfumo. Y me enfrenté al mismo dado de colores. Con ayuda, y con desayuda de ciertos agentes externos que no me dejaban estar en lo que estaba. La anarquía de cada uno de sus cincuenta y cuatro componentes parecía impedirles estar juntos de más de a dos. Y casi se repelían. Los colores opuestos casi que se atraían. Y como dijo aquel viejo anarquista francés se dedicaban A GOZAR, solo que ese goce no me incluía en sus planes y me resultaba bastante molesto. Así que he pensado en someterlos a un común denominador y moverlos en el orden que imponen las leyes lógicas del espacio y las tres dimensiones. Que como no las conozco, comenzaré de nuevo, buscando la mínima expresión común y desarrollándola en mi inmensa anarquía mental, espero, con resultados provechosos. Y sabiendo, OF COURSE, ahora, que girando una fila de tres casillas de un mismo color juntos, por el vértice común, deja todas las piezas con un movimiento relativo entre sí igual a cero; vamos, que giro todo el cubo y no un plano. La vida no es lo que parece. Después de años pensando que algo ha cambiado, descubro atónito que no ha cambiado nada. Que la memoria perdura. Que la gente no es tan fuerte como aparenta ser. Lo que a mí me parecía superado, se muestra en perpetua aluminosis. Sin saber bien que hacer para acabar con ella. Queriendo desplomar su peso a causa de ella sobre el terreno al que siempre ha querido ir. Hay ilusiones que siempre están allí. A veces se ocultan y a veces se muestran. Pero el paso del tiempo y los hechos no las cambian. Caminamos paralelos. O casi. Nos acercamos y nos alejamos, pero no nos juntamos. Tampoco nos alejamos mucho. Me izquierdo, te izquierdas. Me enderezo, te enderezas. Me aderezo, te enderechas. Te izquierdas, me atraes. Te paras, me paras. Caminas, camino. Te apartas... me caigo. ¿Te caes? Me tiro. Seguimos caminos para lelos. Escalera arriba, escalera abajo. Tropiezo. Ganancia de energía potencial. Altura igual a cero. Saludando a San Pedro. ¿Qué cojones pasa ahora? Y me vuelvo a dejar caer en los zarzales. Y me adentro en ellos sin pedir permiso y sin fijarme en las señales. Y me veo arañazos por todo mi cuerpo. Y me adentro más, hasta no encontrar salida, perdido una vez más. Si sigo en el mismo camino la volveré a encontrar. Una salida al vacío o una salida adelante. Una salida, al fin y al cabo, al mismo camino cíclico que me deja en el mismo sitio, pero cada vez más cansado. Una vez fuera, buscar otro camino. Otras fuentes de las que beber, de las que brote agua limpia. Sin circuitos cerrados. Hemos sobrevivido a dos fines del mundo. Somos inmortales. Ayer volvía del curro para casa en una carretera desertísima. Y me dio por pensar. Cuánto daño ha hecho Iker. El santo que engendró en su vientre el último título futbolístico nacional no, el raro. Iba yo por la carretera curva ras, ayba que me paso. Viene un coche de frente... ah no, es una luz de una caseta... pensé, porque yo a veces pienso: "¿ si me saliera ahora la chica de la curva?" Y la imagine delgada. La imaginé bella, pero con el rostro marcado por el sufrir. Cabello castaño y vestida de blanco. Con una tez casi tan clara como su ropa. Y me empezaron a recorrer la cabeza millones de hormigas infinitesimales de lado a lado, todas a una. Vamos, que me acojoné de pensar que pudiera pasarme algo así. A pesar que sé que la leyenda es absurda. Cómo puede saber alguien que una chica vestida de blanco en las curvas va "matando" a todo el que pilla si nadie ha sobrevivido. No supe si en una situación así, pararía al desconocido, en este caso desconocida, que necesita ayuda. ¿Vosotros (as) qué haríais? Alguien dijo alguna vez, de manera suficientemente acertada como para entrar en un museo, que le encantaban los números por su carácter neutro. Y así, durante años, escribió su historia sin más complemento que un escueto "hoy" y la fecha de cada día. La neutralidad de los numeros me parece irrisoria. Para empezar es una representación abstracta de cantidad. Y hay representaciones de ellos de todas maneras habidas y aún por haber. Los números representan vicio y hambre, si o no, muerte y vida. Si fueran neutros mayo del 68 sería igual que cualquier otro mes de la historia del siglo XX. Los números, son también aproximaciones. ¿Qué neutralidad puede tener una aproximación? Según por donde lo tomes, al alza o a la baja... Ninguna. Además, cualquier día tiramos todos nuestros sistemas métricos a la papelera de reciclaje. Las letras. Por sí solas son también representaciones abstractas. En conjunto, pueden llegar a significarlo todo. Pero, por otra parte, pueden no significar nada, que es de lo que más cerca andamos cada día. Pueden ser mentira y pueden ser realidad. Ya solo nos quedan los hechos. Que los cultiva uno mismo. Que caben a interpretación, pero que en definitiva son los hechos, no las interpretaciones, las cuales son meras aproximaciones y letras. Camino empedrado de horas, minutos y segundos. La gran incógnita del ser humano. ¿Qué cojones es la vida? En cienes y cienes de años ha habido más ideas de vida que filósofos. En cienes y cienes de años, cambia la vida. Cambia su sentido. Pasado el tiempo en que la Tierra era el centro del universo, en que un tal Dios nos creó a imagen y semejanza, volvemos a buscar un nuevo sentido a la vida. Un nuevo porqué. ¿Es trabajo? ¿Es dinero? ¿Es propiedad? Parece ser que nuestro planeta se formó hace la tira de años al expandirse el universo de forma practicamente aleatoria. Girando en derredor de una gran masa con mucha energía, llamado sol. A una distancia que permite una temperatura adecuada para la subsistencia de vida. Todo esto ya es bastante casualidad. Pero ya, si le sumas, que no se sabe como hay un comienzo de vida. Que el comienzo eran especies unicelulares. Y toda la evolución que ha habido desde entonces hasta ahora. No me queda más que pensar que esto es una coña increible. Es lo que regalan las hadas. La vida es potra. Puede que dentro de la probabilidad de lo improbable que es la vida halla una para tener dos vidas. Pero de lo único que estoy seguro es de que tengo esta. De que tengo la suficiente mierda de estar en este jodido planeta con la divina oportunidad de disfrutar. Los príncipes de Holanda son increpados por un grupo de cinco personas en su visita a la Expo. Los agresores lanzaron lo que parecían ser piezas de puzle. Todas ellas de color negro. De lo poco entendible que salió de sus gargantas llegamos a la conclusión que se trataba de un grupo de perturbados escapados de un manicomio. Al parecer, los mermados mentales, compraron el susodicho puzle para adornar su altar kitch. Sin darse cuenta del color de la chaqueta del príncipe y del número de piezas que debían de formarla. Al hacer uso del pasatiempo, no pudieron más que dejar sin chaqueta a Willem y acabar con su esposa. Willem y Zorreguieta no salían de su asombro ante tan absurdo ataque. Es la primera vez que me ocurre algo así- narraba Willem-. Ni en mis peores pesadillas imaginé un ataque terrorista de tal magnitud. Máxima expresó su enfado con insultos tales como boludos, pendejos del orto y gallegos de mierda. El gobierno español ya se ha puesto en contacto con la Casa Real Holandesa para arreglar el desaguisado de semejantes energúmenos. Fuente: . Había puntos gigantes por todas partes. Algunos eran amarillos. Otros eran azules. Pero uno era blanco. Los expertos no tenían explicación alguna para un punto blanco de semejante embergadura. Por supuesto, comprendían el porqué de los puntos azules y de las siluetas amarillas. No es difícil deducirlo en un contexto de puntos amarillos y azules. Pero el blanco reflejaba el color de su mente ante tal descubrimiento. Los filósofos, entonces, comenzaron a discutir sobre su significado y consecuencia sobre el mundo en que vivimos. Algunos llegaron a afirmar que no existe. Pero, es obvio, que el punto blanco sigue ahí. Puede ser el único ente que no se halla desplazado en todos estos años. Al menos, eso marcan los medidores tan avanzados que la tecnología nos ha dado. Tampoco hay explicación para ello. Hay gente que piensa que nunca se conocerá su valor. Por eso, de momento, dejémoslo donde está y tengamos la fiesta en paz. No sabía que aquel culo era un corazón dibujado en su honor. Cómo lo va saber. Efectivamente, aquel corazón tenía más pinta de culo. De hecho, si le dabas la vuelta, era igual. Pues hice dos, para esta semana y, cómo no, no han saldo triunfadores. Ahí van I Desconfía de cualquiera pero confía en el primero que pasa. También desconfía de sí mismo. Tal vez por eso le dé por escribir. De comunicar como lo hacemos todos, pero de esa manera que ha encontrado y que le hace comunicar como solo él comunica. Tal vez un día se truncó. A él le encanta comunicar, pero no se atreve. Por eso quizá canta. El está lo más cerca de estar enfadado que él puede consigo mismo. Pero él no se enfada, comunica. Puede que necesite enfadarse. Solo encuentra la comunicación con drogas, así sean legales o ilegales. Y a ellas ha recurrido toda su vida hasta ahora. Le encanta subirse a las tablas, sean cuales sean, para comunicarse. Por eso, seas quien seas, él estará allí siempre. La malvada hipotenusa capturó a Pi. Decíos na más que ni he ganado ni me he quedado finalista ni na de ná. Vamos, lo normal. Desde que he dejado de estudiar, mi tiempo es distinto. A veces corre más, a veces menos; como también ocurría antes. Pero lo veo distinto,es raro. Soy raro. Lo sé. Me tomo las cosas con más calma. Utilizo más tiempo para hacer algunas cosas. Con más tranquilidad. Y para otras me esmero más, pero con tranquilidad también. Estaréis pensando los que leáis esto que estoy colgado. Nada más a mano de la realidad. A parte de ello, pensaréis que a qué fín escribo de esto. Pues a parte de porque el café me dura más, porque el tiempo, a pesar de lo que diga el hombre más sabio del mundo, sí, ese, el de la silla y el ordenador, el tiempo no me parece una ilusión. Si el tiempo fuera una ilusión, el destiempo también lo sería, como negación de la primera ilusión. En el fútbol sólo habría faltas de tarjeta. Cruzar la calle a destiempo, no produciría ningún problema. Y que en un disco fallara una nota, no sería un fallo, porque aunque esté a destiempo sería, otra vez, lo mismo. La diferencia entre los buenos músicos y Opeth radica en el tiempo. Las notas entran en el tiempo exacto, siempre. Además, es la nota precisa para cada segundo. Pero no de cada canción. Sino del disco entero. Hagan lo que hagan estos tipejos, con aspecto de frikis jugadores de rol que cualquier día te sacan el hacha para sesgarte la cabeza, dentro de la música, estará bien hecho. Al menos a partir de estos dos últimos discos(aunque el último aún no ha salido, es de menester esperar), en los que han parado el tiempo a su antojo para meter todas las notas en el orden y tiempo preciso. Han limpiado voces. Han ensuciado voces. Han limpiado notas. Y, también, las han manchado. Han vuelto a meter nuevos elementos en su música, llena de matices(¿cuántas veces se ha dicho ésto de unos músicos?). Han vuelto a innovar, como pocos lo hacen ya. Gracias a haber salido de los senderos del metal, enriquecen esta música que parecía ya caduca y condenada a mil grupos clon(o clown). Watershed es la locura más cuerda que he escuchado en mucho tiempo. Escucha recomendadísima. Pero el disco entero y del tirón. Sed pacientes con vuestro tiempo y disfrutad. Cómo me mola irme por las ramas. El tiempo lo es todo, el destiempo es la nada. No quiero recordar cómo y cuándo llegaste a mí. No deseo recordar el modo en que lo hiciste. Pero se la influencia que de tí, partió hacia mí. A pesar de que no veo indicios de que seas adecuado para mí, a pesar de los miles de libros que detractan sobre tí y a pesar de que mi mente me dice que no saldré beneficiado de tí, te necesito. Necesito probarte. Necesito inhalar tus propiedades. Que cambies el sentir de mi pecho, el ritmo de mi corazón, el color de cuanto me rodea. Aunque sea un sólo instante, que cambies mi realidad por una nueva fantasía ya vivida anteriormente. Me gusta que cambies mi entorno sin apenas tocarlo. Pero me molesta cuando la fantasía deja de fantasear. Me entristece que te escapes de mí dejando un arduo paisaje que se colorea de un gris oscuro. Que te escapes dejando mis ojos vidriosos y húmedos. Cuando no te recuerdo, estoy bien. De buen rollo con los colegas, pero, al poco, regresas a marear la perdiz y mi rostro se muestra distinto. Preocupado por algo que los allegados no materializan, pero saben que algo pasa. A veces, deseo decirte adios en forma de espiral de desagüe y no verte nunca más. Pero mi pensamiento me traba con un homínido parlanchín que desde el hombro me susurra al oído sin dejarme olvidarte un día sin descanso con el siguiente. En el trabajo la actividad mantiene mi mente en otros lares hasta que dicha se acaba y vuelvo a pensar en tí. Hasta que te difuminas entre vapor, vasos de cristal y un cliente. Aún así, espero el momento en que reencontrarnos, que parece cada vez más cerca o lejano según mi ánimo. Suelo pensar que puedo olvidarte, pero mi contradictoria razón me dice que me darás una muerte dulce tarde o temprano. Pero no encuentro el momento ni el como, además del lugar. Paco no sé que dirá. Últimamente no le hago mucho caso al hombre de apellido cotraproducente. No le escucho. Tan siquiera le veo. Ni tampoco hago por ello, tan siquiera pensaba en este icono de la televisión española, con el que he crecido. Probablemente sea la persona más longeva de la tele, parece como si los cambios no fueran con él. En la tele todo perece, menos él. Es curioso. Empiezo a creer que este semidios televisivo ha creado el cambio climático y observa desde delante de su mapa de isobaras, descojonandose el cabrón. Qué hijo puta más entrañable. Aquí, en las lindes del río grande, el tiempo parece intentar quitarse la camisa de fuerza. Amanece patidifuso, lleva puesta la camisa y se queda quieto, inmóvil, pero triste. De repente, le entra furia, ha esperado demasiado y no sabe el porqué de aquella prenda. Sopla, se tambalea, empuja, pega y corta. Pero la camisa sigue ahí. Llora lagrimones de pesar. Una ida de chaveta total, le hace pensar que puede ser feliz con la camisa que recoge sus brazos. Sonríe iluminando la ciudad, pero no ilumina, todavía y a pesar del calor, hombros, piernas ni escotes. Enfurecido comienza a empujar y resoplar por un destino del que no sabe qué le deparará. Y de repente se obra el milagro. Como si de una persona se tratase, llora, pero esta vez, con los ojos abiertos. Y de todo esto, ¿qué dirá Paco? Las paredes de plorilcorato de vinilo son rodeadas por grandes pinzas metálicas, fuertes como las que más, que las sujetan. Comienzan a estrecharse causándome una pequeña claustrofobia. Miles de pensamientos apocalípticos agitan mi mente, como el camarero aquel que agita la coctelera. Vienen dudas del futuro y recuerdos del pasado que se mezclan con los pensamientos del presente, argumentos de libros y letras de canciones. El techo cada vez está más alto y difuminado. Ya nada volverá a ser como antes. Ya mi sitio no será el que era. No será el que fué, y dentro de un momento, tampoco será el que es. Todo ha cambiado, pues. Ya no tendré los mismos vecinos. El mismo hogar, ni el mismo asiento. En mi mente, los amigos seguirán siendo amigos, con añoranza. Y fuera de ella también, el cierzo mueve montañas, pero... Parece el cuento de nunca acabar. Sigo bajando mientras todo sube. Nada es igual, y al parecer, tampoco será estable. Las paredes siguen agobiándome. Me persiguen aún cuando estoy aquí, inmóvil. Me abrazan como nunca nadie me había abrazado. Me estrechan. Me envasa casi al vacío, por lo que ya, apenas puedo respirar. ¡¡¡Plás!!!! Ya puedo desprenderme de mi placenta plástica y comenzar a mojarme, como los demás. Pues, como dicen los Medina, aunque creo que no es suyo, y no me explayo más, todo tiene su fín. de un amigo... ¿Por qué todo junto se escribe separado y separado todo junto? He vuelto a ir al dentista tras años de ausencia por allí. Mi hermana me pidió vez en un arranque de mala hostia hacia mí, lógico por parte de un hermano mayor- ¿o sólo de la mía?. O un bello acto de amistad hacia la dentista, el cual no tiene precio, y si lo tiene, me lo guardo. Yo recordaba aquel lugar de color blanco frío, espaciado y siniestramente ordenado. La sala de espera con puñados de revistas que parecen intentar resolver los problemas del gobierno en materia de educación, así como las carencias de gusto en cuestión decorativa de las personas que la pisan. Ésta en concreto, tenía un vistazo moderno. Contrastando madera oscura con el blanco de la habitación y el verde pared que sale en los anuncios de televisión, solo que, esta vez, en lámparas. Las sillas, con una simple mirada, parecen incómodas como pocas, pero la impresión cambia al sentarse en ellas. Al llamarme, paso a la sala de torturas. Un lugar impoluto, en el que bien te podrían hacer las pruebas después de una abdución extraterrestre. Una ojeada de la chica, para reconocerme que tengo una caries, además de que iba a hacerme una limpieza, una radiografía, y por supuesto, el empaste. Recordaba todos esos actos como algo doloroso, molesto y cansado. Pero, quitando el empaste, en el que me anestesió finalmente, nada me supuso un problema. Me mantuve tranquilo y más tiempo hubiera estado tranquilo también. Me sorprendió, la verdad. Al salir, reconocí a una excompañera de clase trabajando allí. Me alegré por ella, el trabajo parece bueno, a pesar de no haber tenido, tampoco querido, relación alguna con ella- de amistad, me refiero... y de lo otro, pos tampoco. Pero aún así, me alegré, así que otro treinta y uno de diciembre prometiendo ser más cabrón que se va al traste. Qué razón tienen algunos cuando dicen que soy un heavy de palo... La oscuridad de la noche ilumina la ciudad envejecida. La niebla espesa no permite distinguir siluetas más allá de quince metros. Sólo luces que cruzan en sentido opuesto es lo que puede ver. Camina sólo, rápido, como si alguien, o algo, lo estuviera siguiendo. Pero no tuerce la cabeza, no quiere mirar atrás. Avanza. Aquello que cree tener detrás tuerce por una esquina. Vuelve la cabeza. Es una chica, a estas horas debe volver a casa. Prosigue el camino, más tranquilo ahora. En una intersección de calles, la policía se ve con sus luces encendidas, las sirenas, comienzan a sonar. Pasan de largo del joven. A pesar de haberle echado una mirada, no han distinguido nada por la ausencia de luz de ese tramo de calle. Cruza la calle. En un banco, un grupo de siete u ocho adolescentes beben y fuman tabaco mezclado con lo primero que han podido conseguir. A su paso ríen, y acelera el ritmo, pero no es demasiado brusco, nadie se ha enterado. Ya en el portal de su casa. Abre la puerta en un suspiro, ya tenía las llaves en la mano veinte metros antes. Entra. El ascensor, roído por los años y firmas adolescentes tarda en llegar mientras el muchacho da vueltas alrededor del hall. Por fin llega, y contempla que la luz está apagada. Duda, en un primer momento, de montarse, pero son demasiadas escaleras las que hay que subir y está muy cansado. Pulsa el botón de su piso. Al menos la luz que marca el piso por el que va todavía funciona. Observa 1… 2… 3… Comienza a agobiarse, siente cada vez el habitáculo más pequeño, más estrecho. Suda y tiembla. Siente un ir y venir en su interior que deja su estómago en forma de nudo…12… y trece. Con las manos ocupadas por las llaves abre rápido, aunque con más torpeza, la puerta de su vivienda. Recorre el pasillo a oscuras. Entra en el aseo. Su habitación es la puerta anterior. Se dirige a ella y al encender la luz, un grito de desesperación despierta a los vecinos. Los perros comienzan a ladrar. Los pájaros revolotean asustados, desorientados, golpeándose contra sus jaulas. La cama estaba llena de cuerpos enredados, inmóviles. Cuerpos textiles que no había recogido antes de salir de casa. En momentos de cercanía a lo más supremo a nivel espiritual, las cosas parecen diferentes a lo que son. Te asombra ver como el más mínimo detalle te parece, no solo novedoso, sino interesante. Un comentario estúpido puede hacer que tu jerga cambie en un momento dado. Encuentras esa expresión que andabas buscando, de la forma más mística posible, o así te lo parece. El tiempo también cambia, se hace más lento a la par que las horas se acortan. En otros temás físicos, tu masa aumenta en unos casos. En otros casos, lo que aumenta es la viscosidad del aire. Cambian incluso las películas, maldobladas todas de habla no hispana al español. El espíritu divino consigue hacerte notar una más que ligera pérdida de las palabras en los labios, y te hace oir como una persona lee con demasiado, o demasiado poco, enfásis según el doblador. Las mujeres son más bellas, los amigos más amigos y, los problemas, son los menos. Pero habrá algo que no podrá cambiar jamás la santa prima, mis ojos, son verdes. Difícil de explicar, pero así es. |