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Meditaciones fantasmagóricas

La ciudad vertical

"Quise responderle que nunca había sentido que realmente tuviera un hogar, que siempre estaba viajando de aquí para allá, que me había acostumbrado a que nadie me esperara en ningún lugar, a que nadie se preocupara si mi vuelo se retrasaba… pero todo se quedo en un escueto “gracias”"

Pedro Arilla en la ciudad vertical

En la noche

La oscuridad de la noche ilumina la ciudad envejecida. La niebla espesa no permite distinguir siluetas más allá de quince metros. Sólo luces que cruzan en sentido opuesto es lo que puede ver.

Camina sólo, rápido, como si alguien, o algo, lo estuviera siguiendo. Pero no tuerce la cabeza, no quiere mirar atrás. Avanza. Aquello que cree tener detrás tuerce por una esquina. Vuelve la cabeza. Es una chica, a estas horas debe volver a casa.

Prosigue el camino, más tranquilo ahora. En una intersección de calles, la policía se ve con sus luces encendidas, las sirenas, comienzan a sonar. Pasan de largo del joven. A pesar de haberle echado una mirada, no han distinguido nada por la ausencia de luz de ese tramo de calle.

Cruza la calle. En un banco, un grupo de siete u ocho adolescentes beben y fuman tabaco mezclado con lo primero que han podido conseguir. A su paso ríen, y acelera el ritmo, pero no es demasiado brusco, nadie se ha enterado.

Ya en el portal de su casa. Abre la puerta en un suspiro, ya tenía las llaves en la mano veinte metros antes. Entra.

El ascensor, roído por los años y firmas adolescentes tarda en llegar mientras el muchacho da vueltas alrededor del hall. Por fin llega, y contempla que la luz está apagada.

Duda, en un primer momento, de montarse, pero son demasiadas escaleras las que hay que subir y está muy cansado. Pulsa el botón de su piso. Al menos la luz que marca el piso por el que va todavía funciona. Observa 1… 2… 3… Comienza a agobiarse, siente cada vez el habitáculo más pequeño, más estrecho. Suda y tiembla. Siente un ir y venir en su interior que deja su estómago en forma de nudo…12… y trece. Con las manos ocupadas por las llaves abre rápido, aunque con más torpeza, la puerta de su vivienda.

Recorre el pasillo a oscuras. Entra en el aseo. Su habitación es la puerta anterior. Se dirige a ella y al encender la luz, un grito de desesperación despierta a los vecinos. Los perros comienzan a ladrar. Los pájaros revolotean asustados, desorientados, golpeándose contra sus jaulas.

La cama estaba llena de cuerpos enredados, inmóviles. Cuerpos textiles que no había recogido antes de salir de casa.

No te rasques

En momentos de cercanía a lo más supremo a nivel espiritual, las cosas parecen diferentes a lo que son. Te asombra ver como el más mínimo detalle te parece, no solo novedoso, sino interesante. Un comentario estúpido puede hacer que tu jerga cambie en un momento dado. Encuentras esa expresión que andabas buscando, de la forma más mística posible, o así te lo parece.

El tiempo también cambia, se hace más lento a la par que las horas se acortan. En otros temás físicos, tu masa aumenta en unos casos. En otros casos, lo que aumenta es la viscosidad del aire.

Cambian incluso las películas, maldobladas todas de habla no hispana al español. El espíritu divino consigue hacerte notar una más que ligera pérdida de las palabras en los labios, y te hace oir como una persona lee con demasiado, o demasiado poco, enfásis según el doblador.

Las mujeres son más bellas, los amigos más amigos y, los problemas, son los menos.

Pero habrá algo que no podrá cambiar jamás la santa prima, mis ojos, son verdes. Difícil de explicar, pero así es.

Zapatillas

Miralas, pacientes inmóviles. ¿Qué tratan de decirme? No lo entiendo, se están riendo de mí. Pero no se porqué. Se que las he visto antes en algún otro lugar, pero, ¿dónde? Aún oigo sus carcajadas en mí. Daré un vistazo por alrededor. Quiero obtener una respuesta.
 
jo tío, ¡cómo pesas!         Te podías haber cambiado los calcetines      Estamos echas polvo
            Me haces cosquillitas con tus uñas                              aunque me dieras un baño de vez en cuando...
                                                me estás pisando los cordones, cabronazo      
        Ya estás otra vez así? nos quitas más que cuando estábamos en la tienda
                                                                                                 No hacemos más que tragar pelusa
 Ya te digo                       Putos juanetes de miedo              se podía cuidar más los pies
                          CUIDANOS MÁS, QUE SOMOS UNAS NIKE 
DEJA ASOMAR EL DEDO MANOLETINA                              esO QUE SE ENTERE QUIENES SOMOS
                    ESTE CAPUYO PODIA HABER MIRADO POR DONDE PISABA, QUÉ ASCO
...
-¡¡¡Basta!!! ¡Dejadme en paz!
De repente un halo de luz blanca se cierne sobre mí, son mis zapatillas.
 
-Joder qué imbécil, con el tiempo que pasamos juntos

Bienvenidos!

Bueno, éste es el primer post que escribo. La culpa de ello la tienen dos personas que se empeñaron en que sabía escribir, me comieron el coco y aqui estoy. Aquí comienza una no nueva faceta, ya que que dejo de escribir según que cosas en el space del messenger para dejar allí las cuestiones personales, teniendo espacio aquí las estúpidas ocurrencias que se me pasan por la cabeza.