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Meditaciones fantasmagóricas

Siniestro

Como aquel cargado con una ametralladora en mano en el barrio del Bronx.

Camiseta de tirantes blanca. Topeada por sangre. Pantalones vaqueros, también moteada con gotas del mismo licor. Zapatillas de deporte, pero esas de ahora, de ir informal. Despeinado y con un vendaje en el codo tras algunos puntos de sutura, tras la dolorosa límpia de la herida.

Parecía papel desenrrollado la chapa azul a su lado izquierdo. Los cristales, tornados a verde después de partirse, se esparcían en un juego aleatorio de brillos. El cuadro de las ruedas desdibujado. Las delanteras reventadas, arrugadas y roidas. El móvil, ropa, cartera y una mochila.

A pedradas contra los cristales. A patadas contra el capó. Sigue el rasto de restos para contemplar la magnitud.

Alguien le dice que no ha podido ser tan lejos, pero sabe que ha tenido que ser así.

Y menos mal.

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