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Meditaciones fantasmagóricas

Historia

Llevamos una semana agitada. Una semana que nos hemos sentido libres. Que nos hemos expresado, individual y colectivamente. Que hemos hecho unas demandas más o menos viables. Una semana que hemos sentido poder cambiar las cosas.

Hoy han sido las elecciones. Ya se cuáles pueden ser los resultados. Aparentemente, no ha cambiado nada. La intención de voto ha sido practicamente igual que el voto real. Llevamos una semana. Una semana, no da para cambiar un sistema, ni un gobierno. Pero ha dado para mucho más de lo que aparenta.

En esta semana hemos demostrado ser muchos los que queremos acabar con ésto. Estaría bueno, que acabara en una semana pacífica lo que se ha construido en 30 años, ójala. Pero como digo, no hemos hecho poco. Nos hemos unido, hemos logrado algo que no pasaba en este país, desde el no a la guerra. Hemos creado el movimiento político, aunque apartidista, más grande desde la transición. No debe acabar aquí.

Porque desaprovecharíamos una oportunidad que puede antojarse irrepetible. Estas elecciones no son una derrota, puesto que el objetivo no es derrocarlas, el objetivo es regenerar la democracia, que no ha sido renovada en 30 años y huele a cerrado y a podrido. Hay que airearla, como todo en esta vida.

Es un camino largo y difícil, pero no imposible. Y lo hemos demostrado estos días cerrando más de un ojete. Por eso no puede acabar hoy, hay que ir a más. Si no nos convertiremos en meros títeres de campaña electoral, en aquello que denostamos.

Hay que seguir exigiendo. Que no se nos olvide que lo que queremos se consigue día a día. Hay que seguir, para conseguir un objetivo ambicioso y, ahora se, posible.

Con ésto haremos historia, seguro. Hay que pensar en, si queremos hacer historia por haber hecho un cambio, o por el contrario, por ser unos cagados a la primera dificultad que nos encontramos.

Si queremos, PODEMOS.

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