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Meditaciones fantasmagóricas

HG

29 de Septiembre de 2010, la celebración de una huelga tardía.

Tenemos, ya, una tasa de paro insoportable de aproximadamente uno de cada cuato españoles en edad de trabajar. La cosa puede empeorar, de hecho, un dato histórico, para los jóvenes menores de 25 años -aquellos que, más que representar, son el presente y el futuro inmediato de la sociedad-, la cifra supera el 40%; casi la mitad de ellos hastiados de vagar currículum en mano por calles y polígonos.

Tenemos una tasa de paro enorme pues. Las grandes empresas han decidido marcharse a hacer gasto allá donde les sale más barato para traernos sus productos  y vendérnoslos a quien nos han "birlao" la forma más honrada de ganarse la vida. Bueno, no dejará de haber quien diga "nos sale más barato"; caro precio me parece no tener palos para el agua. Y aquí nadie ha, tan siquiera, insinuado que lo nuestro es nuestro, ni que los derechos se pagan y se cob... ¿para qué?

Además, aquello que todos sabíamos que pasaría, pasó, poniendo una piedra más en su mochila.

De repente se empiezan a crear leyes extrañas y milagrosas que nos sacarán de una situación agobiante, como son permitir a las compañías energéticas "estimar" en base a lo que les parece su factura, sin control alguno, y que te corten la luz si no se lo pagas casi de inmediato; o subir el IVA y agradecer desde arriba que te lo cobren de forma retroactiva las de telefonía.

Cortar el grifo: ya no se hacen más carreteras, o hacemos la mitad y dejamos, paradójicamente, en la cuneta a esa mano de obra que la hacía discurrir, a esa empresa que contaba con administrar material a esa obra que le había sido adjudicada y que tendrá que plantar un ERE... Y casos así, conocemos todos.

Más aquellas pequeñas cosas que vienen en la reforma laboral que al trabajador le vienen "de perlas" y que más que crear trabajo, parece que lo que pueden conseguir es justo lo contrario. Así como las que todavía no han entrado en la entredicha.

Tenemos que dar un vuelco entre todos. Hay muchas manzanas golpeadas en el cesto. Tenemos que hacernos oír, infundirles el respeto que nos han ido perdiendo desde tiempo ha, tanto unos como otros- incluso los de más acá-, y que nos merecemos todos. No solo el que tira de talón.

La escusa de que cuesta mucho dinero una huelga no es válida; una huelga es eso: dejar de ganar para mostrar disconformidad. Si no, sería una fiesta; no estamos para tirar cohetes y no demostraría nada. Ahora bien, si estás tan descontento, tienes oportunidad de expresar esa disconformidad y no la aprovechas; desde luego, después no te quejes.

Más vale tarde que nunca.

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