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Meditaciones fantasmagóricas

Sáhara

Mi impresión, que no es más que la mía y que no está terminada, sobre cómo se está actuando.

Hasta hace cuatro días, que salió Willy Toledo en Salvados, yo no sabía nada más del desierto del Sáhara que lo que leí en Tuareg de Vázquez Figueroa: literatura con trasfondo. Tampoco me había preocupado más.

Después de ello, tras interesarme y situarse como una hoja mal doblada que sobresale del periódico se van oyendo cosas terribles(hasta el punto de exterminio, que también comentara Figueroa) y, no es ya que no me preocupe por enterarme-que sí lo hago-, sino que los periodistas, por decirlo suavemente, tienen vetado informar de lo que allí sucede.

Hasta aquí, sin tener mucha idea, todo lo escrito parece correcto.

Bien, llegado aquí, toca el turno de hablar los políticos, reunirse con autoridades marroquíes y una vez aquí, ¿qué? ¿Les creemos, no alzamos la voz, no lo exigimos tan siquiera nada?

Y hacen Rubi y Trini una declaración sospechosamente parcial, sin tan siquiera exigir, al menos y dado este punto de desinformación, que a los periodistas se les trate como tal y se les permita ejecutar su trabajo.

Si no nos llega información, no podemos aceptar de ninguna manera la información que nos mandan desde Marruecos; no podemos estar ahí a esperar que aquello que se intentó en otros tiempos y lugares se consuma ahora, desde el país vecino que quiere ciertas relaciones con el nuestro y sobre un territorio del que hemos sido, de alguna forma, soberanos.

Por intereses.

A palma abierta, para que suene más, llame más atención.

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