Meditaciones fantasmagóricas |
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"No te ennovies nunca" "La carrera más difícil es la de tonto" "No hace falta para nada el alcohol" (ésto, mientras se bebía la última de las incontables cervezas que habría bebido ya) "¿Me he perdido, o no?" "¡Qué bien vives!" "Piensa qué te hace feliz" "Pero no venía nadie del caché de Iron Maiden o AC-DC" "Tú eres inteligente" "No, si es lo que yo digo, a mí .... me parece guapo" (Pero necesitamos camareras ;-) ) Estos dos pipiolos pudieron contra cinco. No sabía que aquel culo era un corazón dibujado en su honor. Cómo lo va saber. Efectivamente, aquel corazón tenía más pinta de culo. De hecho, si le dabas la vuelta, era igual. Te sientes sumergido en un oceano sin costa, Te ahogas. Sacas la cabeza para respirar menos de lo recomendado. Te encierras. Te marginas. Sólo comes lo justo y necesario. Escuchas, observas, espías. Comentas, callas. Te encierras. Vuelves a acariciar la superficie para respirar. Y así eternamente, sin salir de tu oscuro rincón. Como el exclavo que no sabe que hacer con su libertad. Espabila, es más fácil de lo que imaginas. Y mucho más divertido. Me gusta el gesto que han tenido Radiohead Hasta hace cuatro días no me había leído nada más que los libros obligatorios del colegio. A partir de esos días y hasta hoy, he conseguido leerme dos. Soy un perezoso. Me cuesta ponerme a hacer las cosas demasiado. Incluso las cosas que me gustan. Cuando era un crío me encantaba leer. Deboraba los libros del Barco de Vapor y del Aladelta de un día para otro. Hasta en un día me los comía. Pero con el paso de tiempo dejé la lectura para revistas de... heavy metal. No veas cómo escribían, y siguen haciéndolo, los tíos. Más tarde, internet me aportó lecturas de... heavy metal también. Y al tiempo me dí cuenta de cómo escribían. Al meollo. El caso es que una amiga me recomendó un libro. Se puede decir cual era, puesto que no era de heavy metal, era 1984 de George Orwell. Y me buscó alguna página donde poder leerlo. Y así lo hice, me lo leí. Por internet. El otro día fuimos a la Fnac y, a parte de dos discos de Opeth, me pillé un par de libros. Uno era la Guía del autoestopista galáctico y el otro uno que me recomendó, que todavía no he leido, y que no recuerdo su nombre. Pues empecé a leerlos en el tren, ese mismo día. Y hoy ha sido el viaje de tren más aburrido en mucho tiempo. Se me ha acabado el libro antes de subir al tren. Mucho antes de subir al tren. Menos mal, que se han conjuntado una serie de planetas reflejando luz en la ventana de enfrente de mi casa, y me ha hecho recoger el mp3. Si no, me tiro en marcha. ¿Y qué voy a hacer sin tu sonrisa? Que era la mitad del sol que me guiaba. Que no obserbava ni me fijaba en ella. Que me sacaba de las emboscadas de la vida. ¿Qué voy a hacer sin tu sonrisa? Que se fue apagando las luces. Tiñendo la otra mitad del sol de oscuro. Desesbozando la otra, de quien también formaba mi estrella. Cada sonrisa era cien veces lo que lo son ahora, y todas juntas eran imposible de calcular con respecto a las de ahora. Porque siempre lo fuese... Porque siempre lo sea... Porque siempre lo seas ¿Ayer? No, estuve escuchando los Beatles. Fue lo primero que escuché cuando conseguí desenroscarme de las sábanas. Empecé el día con buen humor, como debe ser. Menudos figuras, menudos genios. Despertarme así me sentó fenomenal. Y me hizo pensar lo guapo que sería un día beatle. Si algún grupo de música merece un día, ese, serían ellos. Un día beatle, todos al parque, a pasarlo bien. Incluso los amargados, al parque también con ellos. Con la opción de echar algún porro o similar. Con la opción de beber. Con la opción de no hacerlo y que nadie te mire mal por lo que hagas. Pero, sobre todo, con la obligación de pasarlo bien. Hubiera de ser un día grande. Con fiesta todo el mundo. Todo el mundo al parque. Todo el mundo al campo. Sin tener que coger un coche o autobús con algún destino. A lo sumo una bicicleta- o monociclo en según el caso- que te lleve al parque más cercano. Y allí a pasarlo bien. A pasarlo bien todos. Hubiera de ser el día más grande. Había puntos gigantes por todas partes. Algunos eran amarillos. Otros eran azules. Pero uno era blanco. Los expertos no tenían explicación alguna para un punto blanco de semejante embergadura. Por supuesto, comprendían el porqué de los puntos azules y de las siluetas amarillas. No es difícil deducirlo en un contexto de puntos amarillos y azules. Pero el blanco reflejaba el color de su mente ante tal descubrimiento. Los filósofos, entonces, comenzaron a discutir sobre su significado y consecuencia sobre el mundo en que vivimos. Algunos llegaron a afirmar que no existe. Pero, es obvio, que el punto blanco sigue ahí. Puede ser el único ente que no se halla desplazado en todos estos años. Al menos, eso marcan los medidores tan avanzados que la tecnología nos ha dado. Tampoco hay explicación para ello. Hay gente que piensa que nunca se conocerá su valor. Por eso, de momento, dejémoslo donde está y tengamos la fiesta en paz. Visto en 86400 Qué distinta es la ciudad del pueblo. No ha más que darse una vuelta por la piscina. Abstenganse Lameri Hoy he redescubierto El Reno Renardo. Y aquí os dejo una de sus maravillosas letras. VOMITO Cerca de un millón de volcanes. Cómo me gusta Venus. Y cómo me gusta a mi que a Iker, el santo no, el otro, el del más allá, le guste tanto Venus. En el sentido literal de la palabra, aunque imagino que en cuanto a la feminidad también, me centro en el otro. Y es que hay a gente que le gustan cosas rarísimas. Como jugar a rol. Leer el periódico- porque todo son desgracias y a nadie le gusta leerlas. Criticar al primero que se cruza por la calle- ejercicio sanísimo cuando no se le conoce-, y olvidarlo al minuto. Ver a veintitantos tíos cuyas vidas giran torno a una esfera que no es precisamente azul. Que lo mismo le gusta la física, la ciencia y lo paranormal. El negro y el blanco. La cerveza y el batido. La ciudad y el campo. El heavy, el punk, cuando no vas de malote por la vida, aunque seas igual de fanfarrias. Echaba de menos escuchar a kaos etílico Kaótico. Los príncipes de Holanda son increpados por un grupo de cinco personas en su visita a la Expo. Los agresores lanzaron lo que parecían ser piezas de puzle. Todas ellas de color negro. De lo poco entendible que salió de sus gargantas llegamos a la conclusión que se trataba de un grupo de perturbados escapados de un manicomio. Al parecer, los mermados mentales, compraron el susodicho puzle para adornar su altar kitch. Sin darse cuenta del color de la chaqueta del príncipe y del número de piezas que debían de formarla. Al hacer uso del pasatiempo, no pudieron más que dejar sin chaqueta a Willem y acabar con su esposa. Willem y Zorreguieta no salían de su asombro ante tan absurdo ataque. Es la primera vez que me ocurre algo así- narraba Willem-. Ni en mis peores pesadillas imaginé un ataque terrorista de tal magnitud. Máxima expresó su enfado con insultos tales como boludos, pendejos del orto y gallegos de mierda. El gobierno español ya se ha puesto en contacto con la Casa Real Holandesa para arreglar el desaguisado de semejantes energúmenos. Fuente: . |